Valiente Desaire de la Madre de la Mujer Asesinada en Charlottesville a Donald Trump

Pocos pueden imaginar el dolor que Susan Bro ha soportado durante la última semana. Su hija de 32 años, Heather Heyer, fue asesinada el sábado en un ataque terrorista de la supremacía blanca en Charlottesville, Virginia, y ella tuvo que lidiar con su dolor bajo el foco de una aguda controversia nacional.

El lunes, Susan sorprendió a muchos cuando agradeció al presidente Trump por denunciar al supremacismo blanco en una declaración que parece ser alguien redactó para ella. Hoy, ella dijo que no sabía toda la historia en aquel momento y se horrorizó al enterarse de todas las observaciones que realmente había hecho el presidente (video abajo).

Inmediatamente después de la violencia racista que mató a Heather y dejó heridos a otros 19, Trump se negó a condenar al movimiento de la supremacía blanca, los neonazis o al KKK, y justo un día después de que se vio obligado a hacerlo explícitamente, dió marcha atrás y mantuvo su posición de que los manifestantes antirracistas pacíficos, como Heyer, no eran menos culpables que aquellos que marchaban con ametralladoras y banderas con la esvástica fascista.

Susan le dijo a Robin Roberts, de Good Morning America (Buenos Días, América), que Trump la había llamado – durante el funeral de su hija – pero ella no tomó la llamada junto con otras provenientes de su equipo de prensa en los últimos días.

Ahora que conoce los hechos y los verdaderos sentimientos de Trump se han revelado, Susan dice que no hablará con el presidente si la llama.

“No voy a hablar con él” -afirmó-. “Después de lo que dijo sobre mi hija … equiparando a los manifestantes ‘como la Sra. Heyer’, con el KKK y los supremacistas blancos”.

Es ciertamente comprensible que luego de una desgracia como la que tuvo que enfrentar, Susan Bro no estuviese totalmente al tanto de los acontecimientos. Sin embargo, haber tenido el coraje para hacer frente al Presidente de los Estados Unidos, no tomar su llamada y denunciarlo públicamente, no es algo que debe darse por sentado, sino que debe aplaudirse.

Ahora sabemos de dónde Heather Heyer sacó el carácter que la llevó a marchar contra la peor lacra de nuestra sociedad.

.

.