Trump Acaba de Negarse a Firmar un Tratado para Detener la Evasión Fiscal y los Paraísos Fiscales Extraterritoriales

El Acuerdo de París sobre el Cambio Climático no es el único acuerdo de París que Trump ha destrozado recientemente queriendo agradar a sus amigos ricos y a las grandes corporaciones.

Durante los últimos cinco años, los Estados Unidos han estado involucrados en el desarrollo de un tratado para abordar la práctica de las compañías que operan en todo el mundo, y tratan de transferir parte de sus ingresos, al menos en papel, a un puñado de países con tasas de impuestos mucho menores, lo que solo a Estados Unidos le representa por lo menos $100 millones perdidos en un año fiscal.

Una estimación conservadora es que las compañías de los EEUU han parqueado $ 2,5 trillones fuera de nuestras fronteras, fundamentalmente en paraísos fiscales como Suiza, Irlanda, Bermudas, Panamá y las Islas Caimán.

El miércoles, 68 países, entre ellos Francia, Alemania, Japón, Rusia, Australia, Canadá y el Reino Unido se reunieron en París y firmaron el tratado final diseñado para evitar lo que en inglés se conoce como “treaty shopping”, que es lo que hacen las compañías que buscan evitar el pago de impuestos corporativos estadounidenses.

Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, no estaba entre los signatarios.

“China e India estaban orgullosos de firmar esto, y los Estados Unidos ni siquiera estuvieron presentes en la reunión”, dijo a International Business Times Clark Gascoigne, subdirector de la Coalición de Rendición de Cuentas Financiera y Transparencia Corporativa (FACT).

El gobierno estadounidense, añadió Gascoigne, ha decidido “ir solo y por nuestra cuenta. Seguimos abdicando de nuestro liderazgo en la escena mundial”.

Trump se quejó sobre el uso de “paraísos fiscales” durante su campaña y, a principios de mayo, como parte de su plan de reforma tributaria sugería que la solución podría ser un día feriado impositivo que permitiría a las empresas regresar su dinero a los EE.UU. y se les impondría sólo al 10%, que es menos de un tercio de la tasa impositiva estadounidense actual (alrededor del 35 por ciento).

Estas no son pequeñas corporaciones sin influencia y sin grandes equipos de cabilderos. Según un informe del 2016 del Grupo de Investigación de Interés Público están incluidas tres cuartas partes de las compañías de Fortune 500 (las más grandes y poderosas del mundo).

Entre las compañías que utilizan estas tácticas se incluyen 3M ($12 mil millones almacenados en 14 filiales), General Mills ($2 mil millones en 52 subsidiarias), Best Buy, Target, United Health Group y los mayores acaparadores fiera de nuestras fronteras de todas las empresas estadounidenses de tecnología, incluyendo Apple ($180 mil millones), General Electric ($119 mil millones) y Microsoft ($ 108 mil millones).

El dinero no es simplemente depositado allí. Se utiliza para todo tipo de gastos, inversiones de capital e incluso para comprar bonos del Tesoro de los Estados Unidos de forma que las compañías puedan cobrar intereses sobre el dinero que no están pagando como impuestos al gobierno de los Estados Unidos.

“Alrededor del 98 por ciento de esta pérdida de ingresos proviene de la transferencia de beneficios a países con tasas de impuestos corporativos inferiores al 15 por ciento”, según un informe del Washington Center for Equitable Growth, “y el 82 por ciento de la pérdida de ingresos corresponde a sólo siete paraísos fiscales”.

Gran parte de este cambio tributario ha tenido lugar desde aproximadamente 1985, y está empeorando en el año. El Centro de Washington para el Crecimiento Equitativo informa que el “cambio de beneficios se ha multiplicado por cinco en la década anterior”.

Lawrence Zlatkin, experto en impuestos internacionales corporativos, publicó un artículo sobre Bloomberg BNA que decía “con el resto del mundo avanzando” hacia las condiciones que se establecen en el nuevo tratado, “debemos esperar una reacción, una posible doble imposición y otras consecuencias adversas”.

Gascoigne dijo que esto significa que el gobierno de los Estados Unidos “tendrá que ir con los países uno a uno para negociar los tratados”. Predijo que se desviarían “los recursos empresariales de las inversiones productivas y de las trampas de planificación tributaria”.
Al no ser parte de la coalición global que trabaja para enfrentar este enorme problema, esto “afecta la reputación del gobierno estadounidense como líder global”, agrega Gascoigne, y deja al contribuyente estadounidense “pagar la factura por todo esto”.

Una vez más, bajo Trump, las personas y empresas más ricas y poderosas obtienen grandes beneficios y concesiones que no están disponibles para la gran mayoría de los estadounidenses, mientras que las promesas de campaña para enfrentar este enorme desorden se juntan al resto de otras cosas sobre las que Trump ha mentido.

Incluso su modesta propuesta para un feriado de impuestos de una sola vez está enterrada dentro de su propuesta de reforma tributaria, la que nunca ha sido completamente desarrollada y permanece en el limbo político.

En otras palabras, Trump no sólo favorece a sus amigos ricos, donantes y aliados, sino que también es inepto para abordar el problema.

Peor aún, ha vuelto a ir contra el resto del mundo, abdicando de la posición de EE.UU. como un líder y un amigo, alejando a otros países en los que antes se podía confiar.

Esto es parte de un patrón más grande: Ya se trate de impuestos, el medio ambiente, la lucha contra el terrorismo o tratar con la codicia corporativa, Trump es enemigo de la mayoría de los estadounidenses, enemigo de otros países democráticos y además de eso un total inepto.