Muestra la Respuesta de Este Pastor a Cada Fan de Trump que Use a Weinstein para Difamar a los Demócratas

En medio de la tormenta ocasionada por las revelaciones de asalto sexual de Harvey Weinstein, un prominente pastor y autor, John Pavlovitz, escribió un brillante editorial golpeando a los partidarios de Trump que están supuestamente indignados por el comportamiento del productor de Hollywood.

Mientras Pavlovitz condena enérgicamente a Weinstein – y rápidamente señala que está “experimentando correctamente las consecuencias de su supuesta conducta abominable” – también condena el “coro santurrón” de los partidarios de Trump que votaron por un presidente culpable de la misma cosa, como no deja lugar a dudas la grabación que una vez más te ponemos a continuación.

.

.

Pavlovitz lamenta no sólo el voto de ellos por un depredador sexual declarado, sino que denuncia la fraudulenta indignación de la que hoy pretenden hacer gala respecto al mismo tema.

La próxima vez que un fanático de Trump intente explotar el hecho de que Harvey Weinstein haya donado a los demócratas -como si el haber aceptado esas donaciones antes de estas revelaciones sugieriera de algún modo un endoso de su comportamiento- asegúrate de mostrarles el artículo de Pavlovitz.

Mira el editorial completo aquí abajo:

No es Posible Apoyar a Donald Trump y Estar Indignado por Harvey Weinstein

Basado en las historias que continúan surgiendo de las mujeres en Hollywood, el productor de cine Harvey Weinstein lleva todos las marcas de un depredador en serie; un hombre que durante años parece haber explotado su considerable poder y posición para aprovecharse de las mujeres vulnerables para su propio placer. Si las acusaciones y las grabaciones que han salido a la luz son verdaderas, son tan repugnantes como lo cualquier violación de cualquier parámetro de decencia humana y de humanidad.

Weinstein ahora está experimentando correctamente las consecuencias de su comportamiento supuestamente abominable. A raíz de las revelaciones, fue despedido de su compañía, su esposa anunció que lo está dejando, y se ha enfrentado a un torrente de indignación en los medios sociales. Así es como debemos tratar el comportamiento de un depredador. Esto debe ser la consecuencia de la explotación y la mala conducta sexual. Aquellos que abogan por las víctimas de agresión sexual deben estar gritando por la cabeza de Weinstein desde los tejados.

Pero hay un coro santurrón que busca añadir sus voces a la condena del productor cinematográfico en este momento, que no tienen derecho a incluirse: son los feroces, apasionados, y firme defensores de Donald Trump.

Rebobinemos escasos doce meses atrás, cuando apareció el vídeo del entonces candidato presidencial que decía las cosas más explícitas y viles sobre mujeres; alardeando de los afectos forzados, de los avances sexuales sobre mujeres casadas, de los despojos humanos de poder y de fama en que se deleitaba. Al mismo tiempo, surgieron historias de varias mujeres con acusaciones de asalto sexual provenientes de la misma persona.

Y sin embargo, un mes después, incluso con esas grabaciones comprobadas, incluso con las propias palabras auto condenatorias de Trump, incluso con la creciente tormenta de presuntas víctimas –las mismas personas le premiaron con su voto y con la Presidencia de este país– y siguen sin disculparse. Ellos han renunciado a cualquier alto nivel moral declarado. Su llanto y crujir de dientes es fraudulento; su justa indignación risible-especialmente teniendo en cuenta a sus compañeros de cama recientes y actuales.

Weinstein ahora se enfrenta a la caída a causa de su alegado comportamiento en la medida en que ese comportamiento está saliendo a la luz a la población en general. Está siendo castigado retroactivamente por su mala conducta pasada (como debería ser si estas historias resultaran ciertas). Independientemente de si usted cree que los que lo atacan ahora; los que lo terminan y lo abandonan lo están haciendo por presión pública, al menos lo están haciendo. Lo último que harían es hacer campaña para que él ocupe un cargo público. Nadie con escrúpulos votaría por él.

Las revelaciones sobre Donald Trump surgieron mucho antes de las elecciones presidenciales y 62 millones de estadounidenses armados con esta información respondieron sumariamente elevándolo a la más alta posición de liderazgo en este país. Su voto de entonces anula su indignación de ahora.

Los hombres que utilizan su posición y su poder para violar a otros seres humanos son un cáncer, y deben ser condenados al ostracismo y expuestos y condenados inequívocamente. No se trata de defender a Harvey Weinstein ni de la conducta de la que se le acusa. Nadie con ningún sentido de decencia está haciendo eso. Ciertamente no. Las denuncias que lo rodean son atroces y totalmente repugnantes, y merecen la condena y la respuesta decisiva. Como una persona de fe, como un padre, pero también como un ser humano que sólo busca ser un participante productivo en la civilización, las cosas que Weinstein se supone que hizo, han hecho hervir mi sangre y dar vuelta a mi estómago, pero esa es mi reacción a esas cosas dondequiera que las vea.

Los partidarios de este presidente no se demoraron en pedir en voz alta la cabeza de Weinstein, mientras que simultáneamente defienden a Donald Trump con el mismo vigor, mientras que eligen borrar todo su pasado reciente, mientras que vilifican a sus alegadas víctimas. No dejan de reclamar por el bienestar de las acusadoras de Weinstein, después de haber puesto la vida de cientos de millones de mujeres y niñas en las manos legislativas de un hombre cuyo carácter, trayectoria e historial de trabajo muestran un igual desprecio por el valor inherente de las mujeres. Este tipo de ética inconsistente de la defensa de las víctimas es el colmo de la hipocresía.

En este punto, basado en las acusaciones y la evidencia, Harvey se está convirtiendo correctamente en un paria en el ojo público; un hombre marcado para siempre por su maltrato y violencia hacia las mujeres. Ahora mismo, dadas las acusaciones que lo rodean, y sus propias palabras, Weinstein no tiene a dónde ir.

Su única opción viable en este momento podría ser pedir una apología precipitada, declarar su oposición al aborto, su amor por las armas de fuego, afirmar que encontró a Jesús y luego postularse para la nominación republicana.

Tal vez en unos pocos años a partir de ahora, 62 millones de supuestos defensores de las mujeres, graben su nombre en sus sombreros y parachoques, y digan que están haciendo a América grande de nuevo.

 

Luis Iglesias

Más de una década colaborando con diversos medios. Politólogo.