La Fuerza de Deportación de Trump Hizo Algo Terrible a un Trabajador de Rescate del 11-S

A pesar de su obscenamente falso patriotismo, Donald Trump nunca se ha preocupado mucho por los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Usó sin verguenza alguna la muerte de 3,000 norteamericanos para jactarse de cómo ahora tenía los edificios más altos de Manhattan (que ni siquiera era cierto) y como una excusa para propagar una despreciable teoría de la conspiración islamófoba sobre “miles” de musulmanes, que según él estaban aplaudiendo los ataques desde los tejados de Nueva Jersey (lo cual tampoco era cierto).

Por lo tanto, lamentablemente no es ninguna sorpresa saber que la fuerza de deportación de Trump está enfocada ahora sobre un hombre que desarrolló problemas respiratorios mientras limpiaba materiales peligrosos del sitio del destruido World Trade Center.

El New York Daily News informa que Carlos Humberto Cardona de Queens, NY, llegó a los Estados Unidos en 1986 a la edad de 17 años procedente de Colombia, después de que dos de sus hermanos fueron asesinados por los rebeldes.

Carlos valientemente se ofreció para ayudar a los esfuerzos de limpieza después de ese terrible día del 2001 – pero pagó un alto precio por sus acciones.

“Él inhaló vapores (en el sitio del World Trade Center). Su salud terminó siendo afectada. Tiene problemas pulmonares. Tiene problemas gastrointestinales. Tiene problemas psicológicos. Tiene mucha ansiedad”, dice su esposa, Lilliana. “No puedo creer que esto le esté sucediendo después de todos los sacrificios que ha hecho. Dice que se siente como si estuviera siendo tratado como un criminal”.

Él ha estado retenido en un centro de detención durante varias semanas, como parte de los esfuerzos de Trump para apresar a cualquier inmigrante con antecedentes penales. Es cierto que Cardona fue arrestado y se declaró culpable de intentar vender drogas hace casi treinta años.

Su esposa jura que Cardona, que tenía apenas veinte años, era inocente y estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. No ha sido arrestado desde entonces, y ha pagado más que su deuda con la sociedad.

Cardona ha estado esperando desde el 2014 para que los servicios de inmigración estadounidenses aprueben una solicitud que verifique su matrimonio con Liliana, ciudadana naturalizada.

Pero dado que las ruedas de la burocracia se mueven tan lentamente, se ha visto obligado a presentar una moción de emergencia con un juez para obtener la aprobación y, posiblemente, su oportunidad de quedarse aquí en Estados Unidos con su esposa y su hija de diecinueve años.

Carlos Cardona ha hecho más por este país que un multimillonario playboy como Donald Trump, que siempre ha tratado de esquivar su responsabilidad con la patria. Es contraproducente e innecesariamente cruel deportar a personas que trabajan duro como Cardona, y que tienen más que ganado su derecho a quedarse.

Nuestra nación fue forjada por inmigrantes de todos los continentes, sobre las cenizas del genocidio. Declarar a una persona que no es elegible para permanecer aquí en base a su lugar de nacimiento o su color de piel o porque tomó una mala decisión hace treinta años es una bofetada a los ideales que nuestro país ostensiblemente ama y defiende.

Pero sólo muestra que no importa cuánto se sacrifiquen por este país, si el gobierno de Trump se niega a ver más allá del color de su piel.