El Canadiense Sospechaba las Payasadas de Trump y se le Adelantó Con la Más Perfecta de las Burlas

¿Estaba el primer ministro canadiense Justin Trudeau burlándose secretamente del polémico presidente Trump con su obsequio en la apertura de la cumbre del G7 en Quebec?

Trudeau le entregó a Trump una foto enmarcada del Arctic Restaurant and Hotel en la Columbia Británica que fue propiedad y estuvo operado durante la Fiebre del oro de Klondike por el abuelo del presidente, Friedrich Trump, en 1897.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, twitteó ayer una foto de prensa del intercambio de regalos como un ejemplo de “gran momento entre @JustinTrudeau y el Presidente”. Por supuesto, a nadie en el equipo de Trump se le ocurrió investigar la historia de esa propiedad.

“Gran momento entre Justin Trudeau y el Presidente cuando aquel le entregó una foto del Hotel del abuelo del Presidente en Canadá”.

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El rastro de una sonrisa en el rostro del primer ministro canadiense podría deberse a su conocimiento de la verdadera naturaleza del negocio que el antecesor presidencial estaba llevando a cabo en el edificio ártico que fue una de las propiedades fundadoras del imperio inmobiliario de la familia Trump.

Si ese fuera el caso, los lectores más astutos de Twitter se unieron al chiste y lo señalaron a aquellos de nosotros menos en sintonía con el largo legado de explotación sexual asociado con el apellido de la familia Trump.

“Sí, pero ese hotel también era un burdel”. Y cita a Bloomberg.

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La historia en Bloomberg incluye algunos detalles sobre la fuente ahora demolida de la fortuna de la familia Trump.

“Estaba abierto todo el día con ‘cajas privadas para damas y fiestas’, de acuerdo con un anuncio en la edición del 9 de diciembre de 1899 del periódico Bennett Sun. Las cajas generalmente incluían una cama y una balanza para pesar el polvo de oro que se usaba para pagar los “servicios”, de acuerdo con una biografía de tres generaciones de Gwenda Blair, que se remontó a los orígenes de la riqueza de la familia Trump”.

Si bien la sonrisa cómplice del primer ministro Trudeau insinúa el conocimiento del poco conocido legado generacional de Trump con una sutil excavación en la línea hereditaria de una moralidad menos que convencional, Trump pareció apreciar el gesto del regalo.

Si bien Friedrich Trump pudo haber quedado impresionado con los avances que su progenie pudo haber logrado en el negocio inmobiliario, uno solo puede especular sobre cuál sería su reacción al cambio de su nieto de su propio papel de proxeneta al de un cliente de sexoservicios, según lo indicado por sus ofertas de dinero en efectivo a las paymates con las que se acostó.

Tal vez ese fue el pensamiento que inspiró la sonrisa del primer ministro canadiense, pero Trudeau es tan bien educado, que de su boca nunca sabremos nada.