El Argumento de Trump Acerca de la Existencia de una Emergencia Nacional Acaba de Volar en Pedazos

Donald Trump prometió un muro, sólo porque sus manejadores consideraron que era una “palabrita” fácil de recordar para un anciano senil que debía agradar a su base de partidarios racistas y anti-inmigrantes con respecto a la seguridad fronteriza.

Donald Trump luego se “enamoró” de su muro, lo idealizó, lo convirtió en un caballo de batalla y lo lanzó en inmortal cruzada… hacia el vacío de un barranco lleno de estiércol que cada vez apesta más.

Ahora, que Nancy Pelosi ha demostrado ser muy capaz de manejarse y manejarlo, ya él sabe (aunque no lo reconoce públicamente) que no va a lograr del Congreso los fondos que requiere. Entonces, le quedan sólo dos recursos: mentir diciendo que “el muro ya se está construyendo“, o mentir diciendo que “debe declarar una EMERGENCIA NACIONAL“.

De sus dos opciones no se sabe cuál es peor, pero esta última acaba de sufrir un extraordinario revés, cuando la recién electa Gobernadora de Nuevo México, Michelle Luján, tomó la decisión de retirar su Guardia Nacional estatal del área limítrofe de EEUU con México, con lo cual confirmó lo que todos ya sabíamos: que no hay peligro crítico en la fontera y que la crisis existe sólo en la podrida mente de Donald Trump y sus secuaces.

Pero si eso no fuera ya suficiente, ahora vemos que el destino calzó botas de duro cuero para patear el trasero de nuestra anaranjada caricatura de presidente: la ciudad fronteriza de Nogales votó unanimemente para condenar el uso de alambre de puas por parte de autoridades federales en la cerca fronteriza del área que a ellos incumbe.

Y, muy a tono con lo que está sucediendo en estos días, ellos fueron más allá de simples palabras de condena y tomaron acción: exigir de inmediato que se retire el alambre de puas.

O sea, y para estar claros, Nuevo México retira las tropas y Nogales exige retirar el alambre de púas. Luego de esto, ¿puede alguien seguir hablando de crisis en la frontera o de emergencia nacional?

Ellos están allí, muy cerca. No como Trump y su pandilla a miles de millas del lugar. Si hubiera algún peligro para la seguridad del territorio estadounidense serían los primeros en experimentarlo. Sin embargo, hasta el momento, la única afectación es la del turismo disminuyendo por la imagen negativa creada por el alambre de púas y la inconformidad de las personas con la agresividad injustificada de la administración Trump.

Algo acaba de quedar MUY CLARO. Nuestra gente estadounidense en la frontera, tan patriotas como cualquier otro, no quieren tropas en la frontera, no quieren alambre de púas. Y todo parece indicar que ni ellos, ni nosotros, queremos a un Trump al frente de este, NUESTRO país.