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Un Agente De La CIA Acaba De Renunciar Por Culpa De Trump Con Esta Carta Abierta

La comunidad de inteligencia en los Estados Unidos ha estado en franco desacuerdo con el presidente Donald Trump y su administración, a pesar de supuestamente servirle con gusto. Los funcionarios de inteligencia que responden al presidente están caminando por encima de una línea muy fina, mientras que simultaneamente están investigando su conducta y descubriendo que hay mucho más de lo que a primera vista se ve.

Un ex analista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) al servicio de Trump, se encontró ante un dilema moral, al conocer lo peligrosa que resulta su conducta criminal, y el único camino que encontró fue abandonar la agencia.

Edward Price, que trabajó con la CIA durante casi 11 años hasta renunciar abruptamente el mes pasado, escribió un mordaz editorial en el Washington Post, en el que detallaba por qué le era imposible “servir de buena fe a esta administración como un profesional de inteligencia”. Su misión para la CIA durante los últimos 3 años fué servir de enlace con la Casa Blanca.

En particular Price, como millones de otras personas, está indignado por el hecho de que Trump haya tenido la audacia de intentar pasar por alto su colusión con el gobierno ruso. Como Price bien señaló:

Nuestras 17 Agencias de Inteligencia han concluido rotundamente que Rusia estuvo detrás de la piratería y las filtraciones de correos electrónicos relacionados con las elecciones. En la campaña electoral e incluso ya como presidente electo, Trump se refería con frecuencia a la defectuosa evaluación de l2002 de los programas de armas de Irak como prueba de que no se podía confiar en la CIA, a pesar de que la comunidad de inteligencia se había hecho cargo de esos errores y Trump mismo apoyó la invasión de Irak.

Trump hizo una visita a la sede de la CIA, durante la cual habló interminablemente sobre sí mismo y no prestó atención a lo que en verdad resultó una profanación a la memoria de los agentes caídos en el cumplimiento de su deber. Price se disgustó mucho con este comportamiento:

Las acciones de Trump en el desempeño de cargo han sido aún más inquietantes. Su visita a la sede de la CIA en su primer día como presidente fué una actuación diseñada para reparar las relaciones, pero perdió toda credibilidad debido a su ego y fanfarronería. De pie frente a un monumento a los oficiales caídos de la CIA, parecía dirigirse a las cámaras y los reporteros en la sala, en lugar de al personal de la agencia que tenía enfrente, alardeando acerca de la supuesta masiva comparecencia a la ceremonia de inauguración el día anterior.

Tan delirantes como engañosas, no eran estas las observaciones que muchos de mis antiguos colegas y yo esperábamos oír de nuestro nuevo comandante en jefe. No pude dejar de reflexionar sobre el marcado contraste entre el rimbombante nuevo presidente y la modesta entrega de esos profesionales valientes y dedicados, a quienes se honra en ese memorial. Sé que otros en la CIA se sintieron de manera similar.

A pesar de los infructuosos intentos de Trump para negar que su principal consejero, Steve Bannon, es un racista, Price no pudo creer nada de lo que Trump intentaba demostrar. Además, Price se decidió a dejar de servir a Trump cuando este sacó al director de la CIA del Comité de Directores del Consejo de Seguridad Nacional, pero permitió a Bannon un asiento en la mesa. Este movimiento provocó la ira y el desconcierto de todo el mundo, ya que Bannon no tiene experiencia en política exterior y Trump eliminó de su esfera de influencia a algunos de los mejores expertos en política exterior:

La última gota llegó el mes pasado, cuando la Casa Blanca emitió una directiva reorganizando el Consejo de Seguridad Nacional, cuyo personal sirvió desde el 2014 hasta principios de este año. Quedaron excluidos del Comité de Directores del Consejo el director de la CIA y el director de inteligencia nacional. Sin embargo sí se incluyó a  Stephen K. Bannon, estratega jefe del presidente, quien ha venido enfrentando a la prensa desde una muy abierta posición de nacionalismo blanco.

La protesta pública llevó a la administración a revertir la decisión y nombrar al director de la CIA como director del NSC, pero la verdadera inclinación de la Casa Blanca quedó clara: tiene poca necesidad de profesionales de la inteligencia que, hablando en plata, pueden desafiar a la ortodoxa llamada de “América Primero”, que ve a Rusia como un aliado y a Australia como una bolsa de boxeo. Es por ello que los asesores de mayor confianza de la Casa Blanca, sin ser profesionales de carrera, se atreven a seleccionar qué tipo de información de inteligencia llega a su escritorio.

Finalmente, Price dijo al cierre, que su decisión no era política, ya que él ya era un analista de inteligencia de la CIA cuando George W. Bush era presidente. También aseguró que como miembro de la CIA se le enseñó a no considerar la política en absoluto.

Más bien, tomó una decisión de conciencia, y ¿quién podría culparlo? Trump ha demostrado ser hostil a las opiniones de cualquier persona que no esté de acuerdo con él, incluyendo a miembros de la comunidad de inteligencia que son la primera línea de defensa contra los enemigos de los Estados Unidos.

Trump haría bien en escuchar en lugar de enajenar a las personas cuyo trabajo a tiempo completo es proporcionar al presidente la inteligencia precisa y oportuna para que pueda tomar en cada momento la decisión más informada posible.